Si habéis leido mi post sobre el impacto emocional que el diagnóstico tiene en un superdotado, habréis notado que la primera reacción que explico es la de dolor, pues bien, este sentimiento, además de lo que es en sí, nos puede dar una información muy útil, estoy hablando de la negación de la superdotación:

La relación entre un sentimiento y otro es guarda bastante relación, a continuación vamos a explicar en qué consiste esta relación, exponiendo, para ello, un sencillo ejemplo:

Imaginemos que vivimos en una ciudad grande, vamos a la universidad y para ello, hemos tenido que renunciar a estar junto a nuestras familias, sin embargo, hoy en día con las tecnologías esta separación se hace mucho más llevadera. A diario hablamos por telefono con nuestros padres, que están en perfecto estado de salud, a veces incluso mantenemos videoconferencias. De repente, un día, nuestra madre nos dice que nuestro padre ha muerto. La reacción es de dolor, obviamente, pero ¿Podría haber sido este dolor, a pesar de que la muerte de un padre siempre es dura, menos intenso? Mi respuesta es SÍ.

Imaginemos ahora un segundo ejemplo, esta vez estamos viviendo en nuestra ciudad natal, y nuestro padre por desgracia, y a causa de un cáncer, lleva viviendo en el hospital un año. Por razones de trabajo sólo podemos ir a visitarle cuatro veces en semana, pero la mayoría de las veces no podemos hablar con él, ya que los fuertes medicamentos a los que está sometido le hacen permanecer poco tiempo despierto. Un día, al igual que en el otro ejemplo, nuestra madre nos llama para decirnos que nuestro padre ha muerto, y la reacción es la misma que en la situación anterior, el dolor. Sin embargo este segundo dolor es menos intenso que el primero, pues, a lo largo de todo este fatídico año nos hemos estado preparando para la colisión frontal que recibiríamos de un momento para otro, amortiguándose así el impacto emocional al desaparecer el factor sorpresa.

Con la superdotación pasa lo mismo, si no estás prevenido puede doler, y mucho. ¿Cuál es el problema entonces, simplemente tienes que pensar que lo eres? La respuesta aquí es dificil de dar, tienes que tener en cuenta que para una persona superdotada el fracaso ante sí mismo puede llegar a ser más doloroso que el fracaso público, pues éste significa, sin lugar a dudas, que debes aceptar tus limitaciones personales, cosa que a mí personalmente me cuesta mucho (ya ampliaré en otro post). Un superdotado, a no ser que supiera que lo era y haya sufrido sus duras consecuencias desde muy pequeño, siempre quiere ser inteligente, es decir, teniendo en cuenta las necesidades educativas de un superdotado, no contar con la inteligencia que sabemos que tiene le haría tener que dejar de atender sus necesidades, el superdotado lo sabe, y valora su inteligencia, llegando incluso a ansiar más de la que posee. Si un día de repente, a pesar de que siempre has creido que lo eras, alguna fuente fiable te dice que finalmente no eres superdotado la reacción que se desencadenaría, casi con total seguridad, sería la de fracaso, ¿Qué he hecho mal? Nos preguntaríamos, pues nos encontraríamos en una situación parecida a la de un examen, por ejemplo: Estudiamos durante días, tal vez semanas, y a la hora de recibir la nota resulta que no damos la talla, pues ese es el problema de “hacerse a la idea” de que eres superdotado, que puedes “no dar la talla”, o aún incluso siendo superdotado puedes creer que el C.I. que te han calculado no era tan bueno como esperabas.

Del otro lado de la moneda, como digo, nos encontramos con la negación, contraria totalmente a la concienciación de la propia inteligencia. Éste es mi caso personal, por eso lo del dolor ante la noticia.

Pues bien, si un sujeto se encuentra en un estado de negación no es que, simplemente, no quiera saber nada de la inteligencia, no. En su interior desea fervientemente saber que es inteligente, lo que pasa es que tiene dudas respecto a sus capacidades, y sabe que las ilusiones hacen daño, por lo que su estrategia es simple y concisa: “hacerle el vacío a la inteligencia”

¿Qué supone, pues, esta postura?

Múltiples aspectos, como por ejemplo el enfado más o menos grave ante el juicio de una persona externa sobre la inteligencia del propio sujeto. Normalmente este juicio es bueno, por lo que es mucho más dañino que un juicio negativo, al crear expectativas “demasiado buenas”. Otra situación que se puede presentar es que la persona afirma ser “tonto” o “menos inteligente que los demás”, puede llegar incluso a creérselo, y esto unido con la desmotivación escolar (que se ampliará en otro post) puede formar un cóctel explosivo, que dará como resultado, como así sucede en un 60% de los casos, en fracaso escolar del niño superdotado. En mi caso afortunadamente me salvó la competencia (aspecto que trateré en otra entrada).

¿Qué hay que hacer,entonces? Bueno, aconsejaría a los padres (en el supuesto de que habláramos de un niño/adolescente) que hablaran con un especialista, o, si es viable, con la persona en concreto. De esta manera se analizarían los pros y los contras (como bien reza el título de la entrada) del diagnóstico, se debería responder a preguntas como ¿Cambiaría mucho saber que soy superdotado? ¿NECESITO saber si soy o no superdotado? ¿Mi vida sería más fácil si supiera que soy superdotado? ¿Es la superdotación causa de mis problemas sociales, por ejemplo?. En base a las respuestas se adoptará una determinación u otra; si se han resuelto las cuestiones sinceramente, la determinación a tomar, a la larga al menos, será la correcta. Obviamente hay que tener en cuenta que toda persona con rasgos psicológicos característicos(que analizaremos otro día), indistintamente a su edad, podrá ser diagnosticada en cualquier momento que así lo desee.

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En conclusión, el diagnóstico puede ser muy muy positivo, ya que las determinaciones posteriores pueden hacer mucho más cómoda nuestra vida futura, y yo, al igual que los expertos, recomiendo a todo aquel que me lea que, si tiene dudas a cerca de si es o no superdotado, se someta a alguna prueba, aunque siempre tiene que tener en cuenta los daños que esto puede causar.

Atentamente, Victoria.