Teniendo en cuenta SÓLO al sector de la población adolescente superdotada que no ha tenido fracaso escolar, podemos decir que no existe el límite de la capacidad de entendimiento. Obviamente esto no es real, pero es, en la mayoría de los casos, la percepción que el superdotado tiene de su propia inteligencia.

Debemos tener en cuenta varios aspectos a la hora de saber de donde viene este sentimiento de “egocentrismo/narcisismo/sobre valoración personal”:

Que procedemos de un sistema educativo que exige un trabajo muy por debajo del que podríamos llegar a realizar, por lo que, de primeras, no habremos tenido problemas para resolver, satisfactoria o muy satisfactoriamente, los “retos” que la educación nos plantea.

Además estamos acostumbrados a tratar con personas de una inteligencia más baja a la nuestra, por lo que, en la mayoría de los casos, acabamos llevando la razón o dando unos argumentos más convincentes a la hora de las discusiones.

Normalmente tenemos mayor cultura, por lo que, en general, podemos hablar de cualquier tema, haciendo que los demás tengan una clara desventaja con nosotros a la hora de mantener una conversación que se salga de los límites de lo meramente informal.

Debido a la inteligencia, nuestra percepción (no física, sino circunstancial o como lo queramos llamar) nos hace llegar a conclusiones imaginativas, sencillas y a la vez completas y eficientes, por lo que solemos ser alabados con frecuencia, sobretodo si el ambiente en el que nos movemos sabe apreciar una buena alternativa.

Éstas e innumerables circunstancias más hacen que el superdotado adolescente haya conocido poco o muy poco la sensación de fracaso(*). Si unimos estas situaciones con la juventud, o en su defecto la falta de experiencia, lo que obtendremos es una sensación muy satisfactoria para la persona. En teoría nos sentimos invencibles, por lo que creemos que nuestra inteligencia no tiene límites, y es que, “nada nos ha demostrado lo contrario”.

El remedio más efectivo para curar este mal es el tiempo, puro y duro. A medida que la vida va pasando vas aprendiendo lecciones muy valiosas, como que no eres mejor que nadie, que no eres insuperables y por lo tanto hay sitios donde nunca podrás llegar, que no eres alguien que pueda abarcarlo todo, que no puedes tenerlo todo.

Posiblemente este sea una cualidad muy famosa de los superdotados, su narcisismo intelectual, pero a nuestro favor he de decir que afecta a la población superdotada tanto como afecta a la población que no lo es. También, como ya digo, es algo que se pasa, pues nosotros también nos desarrollamos a nivel personal, al igual que cualquier otro. Sin embargo, algo que nos diferencia, es que “tenemos más motivos” para sentirnos así, por lo que nos es más dificil eliminar esta sensación.(**)

(*)Obviamente hablo de un fracaso relativamente pequeño,pues todo superdotado, a practicamente todos, hemos experimentado frustación, y por lo tanto sensación de fracaso, ante el sistema en que nos hemos visto inmersos.

(**)Aunque parezca elitista, y soy consciente de ello, mi intención no es esa. En otra entrada hablaré más detenidamente acerca del elitismo, por que es un tema que “tiene miga” en el ambito de la superdotación. Sin embargo, como digo, este texto no pretende hacer ver que los superdotados somos mejores, sino que, en ciertos aspectos tenemos más obstaculos que  el resto de personas (aunque también más ventajas a veces) a la hora de llegar a ser personas “humanizadas”(***), por lo que se nos debe tener en cuenta la dificultad y las causas de nuestras reacciones.

(***)Cuando digo “humanizado” me refiero a tener en cuenta o darse cuenta de los sentimientos de los demás, poder controlar nuestros propios sentimientos con el fin de no herir a otras personas, dejar a un lado las críticas que no se van de nuestra boca (próximamente desarrollado en otro post), etc. De todas formas este término lo expondré de manera más clara y extensa de manera individual.

Atentamente, Victoria

Si habéis leido mi post sobre el impacto emocional que el diagnóstico tiene en un superdotado, habréis notado que la primera reacción que explico es la de dolor, pues bien, este sentimiento, además de lo que es en sí, nos puede dar una información muy útil, estoy hablando de la negación de la superdotación:

La relación entre un sentimiento y otro es guarda bastante relación, a continuación vamos a explicar en qué consiste esta relación, exponiendo, para ello, un sencillo ejemplo:

Imaginemos que vivimos en una ciudad grande, vamos a la universidad y para ello, hemos tenido que renunciar a estar junto a nuestras familias, sin embargo, hoy en día con las tecnologías esta separación se hace mucho más llevadera. A diario hablamos por telefono con nuestros padres, que están en perfecto estado de salud, a veces incluso mantenemos videoconferencias. De repente, un día, nuestra madre nos dice que nuestro padre ha muerto. La reacción es de dolor, obviamente, pero ¿Podría haber sido este dolor, a pesar de que la muerte de un padre siempre es dura, menos intenso? Mi respuesta es SÍ.

Imaginemos ahora un segundo ejemplo, esta vez estamos viviendo en nuestra ciudad natal, y nuestro padre por desgracia, y a causa de un cáncer, lleva viviendo en el hospital un año. Por razones de trabajo sólo podemos ir a visitarle cuatro veces en semana, pero la mayoría de las veces no podemos hablar con él, ya que los fuertes medicamentos a los que está sometido le hacen permanecer poco tiempo despierto. Un día, al igual que en el otro ejemplo, nuestra madre nos llama para decirnos que nuestro padre ha muerto, y la reacción es la misma que en la situación anterior, el dolor. Sin embargo este segundo dolor es menos intenso que el primero, pues, a lo largo de todo este fatídico año nos hemos estado preparando para la colisión frontal que recibiríamos de un momento para otro, amortiguándose así el impacto emocional al desaparecer el factor sorpresa.

Con la superdotación pasa lo mismo, si no estás prevenido puede doler, y mucho. ¿Cuál es el problema entonces, simplemente tienes que pensar que lo eres? La respuesta aquí es dificil de dar, tienes que tener en cuenta que para una persona superdotada el fracaso ante sí mismo puede llegar a ser más doloroso que el fracaso público, pues éste significa, sin lugar a dudas, que debes aceptar tus limitaciones personales, cosa que a mí personalmente me cuesta mucho (ya ampliaré en otro post). Un superdotado, a no ser que supiera que lo era y haya sufrido sus duras consecuencias desde muy pequeño, siempre quiere ser inteligente, es decir, teniendo en cuenta las necesidades educativas de un superdotado, no contar con la inteligencia que sabemos que tiene le haría tener que dejar de atender sus necesidades, el superdotado lo sabe, y valora su inteligencia, llegando incluso a ansiar más de la que posee. Si un día de repente, a pesar de que siempre has creido que lo eras, alguna fuente fiable te dice que finalmente no eres superdotado la reacción que se desencadenaría, casi con total seguridad, sería la de fracaso, ¿Qué he hecho mal? Nos preguntaríamos, pues nos encontraríamos en una situación parecida a la de un examen, por ejemplo: Estudiamos durante días, tal vez semanas, y a la hora de recibir la nota resulta que no damos la talla, pues ese es el problema de “hacerse a la idea” de que eres superdotado, que puedes “no dar la talla”, o aún incluso siendo superdotado puedes creer que el C.I. que te han calculado no era tan bueno como esperabas.

Del otro lado de la moneda, como digo, nos encontramos con la negación, contraria totalmente a la concienciación de la propia inteligencia. Éste es mi caso personal, por eso lo del dolor ante la noticia.

Pues bien, si un sujeto se encuentra en un estado de negación no es que, simplemente, no quiera saber nada de la inteligencia, no. En su interior desea fervientemente saber que es inteligente, lo que pasa es que tiene dudas respecto a sus capacidades, y sabe que las ilusiones hacen daño, por lo que su estrategia es simple y concisa: “hacerle el vacío a la inteligencia”

¿Qué supone, pues, esta postura?

Múltiples aspectos, como por ejemplo el enfado más o menos grave ante el juicio de una persona externa sobre la inteligencia del propio sujeto. Normalmente este juicio es bueno, por lo que es mucho más dañino que un juicio negativo, al crear expectativas “demasiado buenas”. Otra situación que se puede presentar es que la persona afirma ser “tonto” o “menos inteligente que los demás”, puede llegar incluso a creérselo, y esto unido con la desmotivación escolar (que se ampliará en otro post) puede formar un cóctel explosivo, que dará como resultado, como así sucede en un 60% de los casos, en fracaso escolar del niño superdotado. En mi caso afortunadamente me salvó la competencia (aspecto que trateré en otra entrada).

¿Qué hay que hacer,entonces? Bueno, aconsejaría a los padres (en el supuesto de que habláramos de un niño/adolescente) que hablaran con un especialista, o, si es viable, con la persona en concreto. De esta manera se analizarían los pros y los contras (como bien reza el título de la entrada) del diagnóstico, se debería responder a preguntas como ¿Cambiaría mucho saber que soy superdotado? ¿NECESITO saber si soy o no superdotado? ¿Mi vida sería más fácil si supiera que soy superdotado? ¿Es la superdotación causa de mis problemas sociales, por ejemplo?. En base a las respuestas se adoptará una determinación u otra; si se han resuelto las cuestiones sinceramente, la determinación a tomar, a la larga al menos, será la correcta. Obviamente hay que tener en cuenta que toda persona con rasgos psicológicos característicos(que analizaremos otro día), indistintamente a su edad, podrá ser diagnosticada en cualquier momento que así lo desee.

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En conclusión, el diagnóstico puede ser muy muy positivo, ya que las determinaciones posteriores pueden hacer mucho más cómoda nuestra vida futura, y yo, al igual que los expertos, recomiendo a todo aquel que me lea que, si tiene dudas a cerca de si es o no superdotado, se someta a alguna prueba, aunque siempre tiene que tener en cuenta los daños que esto puede causar.

Atentamente, Victoria.

En la entrada anterior dejé pendiente un tema que, creo, necesitaba un post entero. Me refiero al impacto emocional que el diagnóstico de la superdotación tiene en la persona afectada, de la misma manera que lo tiene en su entorno.

Centrándonos en el protagonista puedo decir que, en base a mi experiencia personal (y esto es importante), hay varias fases de reacción ante la noticia:

1º Dolor intenso/ Sentimiento de estar a años luz de ser “normal”:

Cuando me confirmaron un hecho que todos, a excepción de mí misma, parecían conocer, mi respuesta inmediata fue la de un dolor abrumante. Desde luego, yo ya había pensado en la posibilidad de serlo, e incluso había lo deseado (pues la inteligencia es una de las virtudes que más valoro en una persona, a pesar de que a veces no debería ser así); aún así, cuando la psicóloga me dio los resultados de las pruebas, éstos me resultaron un frío golpe con una realidad que no se me planteaba tan bonita como había ideado. Recuerdo haber ansiado salir de la consulta para poder llorar en soledad. Yo siempre me había sentido diferente, pero en ese momento fue como si me hubieran asegurado, objetivamente, que lo era, y no tenía nada que hacer contra ello.

2º Euforia:

Cuando por fin mi deseo de salir se cumplió, nada sucedió (de nuevo) como yo esperaba. Era Enero y llovía a cántaros. La lluvia desde siempre me ha relajado, porque bajo la lluvia todos parecen más vulnerables, y en cambio yo parecía crecer, tanto interior como exteriormente. Mi confianza se iba afirmando, y debo reconocer, por mal que me parezca, que me sentí muy superior a cualquiera que pasase por mi lado. Sufría una sobrevaloración de mí misma muy intensa, como si de un momento a otro el mundo fuera a rendirse a mis pies. Por dentro, la más pura euforia explotaba. Parecía como si mi deseo de ser inteligente se hubera cumplido (he de reconocer que durante toda mi vida, cada vez que alguien me decía que era inteligente lo negaba efusibamente, llegando incluso a enfadarme de verdad, aspecto que ampliaré en otro post).

Esta etapa duró varios días, quizá algo más de una semana, y mis padres llegaron a reconocer que era un completo horror vivir con la vanidad personificada. Era un estado peculiar, parecía como si yo estuviera viviendo en mi propio cosmos independiente, y el pasaje para penetrar en él sólo era posible para aquellas personas que superasen el nivel de C.I. mínimo que yo había impuesto.

3ºConcienciación de que una persona no es mejor que otra por ser más inteligente:

Mis padres estaban bastante disgustados, mi ego era tremendo, pero poco a poco me fui concienciando de que, por muy inteligente que sea una persona, nunca podrá ser comparable a otra, por lo que tampoco podría ser mejor. He de reconocer que a lo largo de mi existencia me he dado cuenta de la importancia que las circunstancias de la vida de una persona tienen la misma, como posteriormente estudié que decía Ortega, pues bien, este concepto, la circunstancialidad, me ayudó a respetar a todas las personas por igual (aunque reconozco que aún estoy en el proceso); posiblemente, si yo hubiera tenido un entorno más nefasto del que tuve (no voy a valorar ahora si mi entorno fue o no bueno) mi inteligencia, sin lugar a dudas, se habría desarrollado menos de lo que está, al igual que si mi entorno huberia sido mejor, mi inteligencia ahora sería mayor de la que poseo. Pues bien, pensar en las circunstancias de cada persona, como las genéticas o las escolares, me hicieron darme cuenta de que, una persona no puede elegir al 100% lo que quiere ser, y por tanto, todas las consecuencias de sus características no deben recaer sobre ella, y esto no podía infundirme otra cosa que no fuera comprensión, pena por darme cuenta de que el hombre no es libre de elegir ser libre, dolor por comprender las injusticias a las que estamos sometidos. Darme cuenta de todo esto, darme cuenta de que al fin y al cabo no era tan diferente, darme cuenta de que tenía suerte y no debía usarla en contra de la humanidad sino a su favor, darme cuenta de la mucho que tenía (y tengo si sigo trabajando) por ganar y también lo mucho que tenía y tengo por perder me ha ayudado mucho a ser consciente de que el sentimiento de superioridad es una lacra, un virus que puede infectarme de tal cantidad de ego, que un día todo mi cuerpo explote.

Repito, esta fase aún no ha acabado, pero ojalá algún día llege a tener la templanza emocional como para eliminar por completo todos los sentimientos dañinos para mí y para los de mi alrededor.

4º Repetición constante de las otras tres anteriores:

Por último debo advertir que estos tres sentimientos generales, con diferencias de matiz, se han ido reproduciendo cíclicamente, no necesariamente en el orden expuesto, a lo largo del tiempo que llevo sabiendo que soy superdotada. He notado que dependen casi absolutamente de mi estado emocional, pero a pesar de ello me he dado cuenta de que la intensidad de los mismos ha ido descendiendo permanentemente, de modo que cada vez me resulta más familiar saber cual es mi inteligencia; ya no me digo”Wow! soy superdotada, ¿No es increible?”

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Para finalizar quisiera remarcar que estas fases aquí expuestas son las mías personales, y por lo tanto no deben ser usadas como información recogida por un profesional, si las publico por internet es simplemente por ayudar a personas que, como yo, se han visto envueltas “sin tomarlo ni beberlo” en una situación tan especial como esta.

Atentamente, Victoria

A la hora de diagnosticar a un superdotado hay que tener mucho cuidado. Múltiples son los aspectos que se han de tener en cuenta antes de tomar una decisión que sin duda influirá en la vida de la persona afectada.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que para diagnosticar eficientemente el coeficiente intelectual sólo sirven las puebras de profesionales, aunque no todos son recomendables; se han dado casos de diagnósticos erroneos por interés, como por ejemplo para obligar a los padres a pagar cantidades ingentes de dinero por sesiones que la persona en cuestión realmente no necesita. Además de asegurarnos que el psicólogo es fiable, debemos tener en cuenta que no todo psicólogo está debidamente capacitado para tratar a un niño superdotado, es preferible contar con alguien que haya realizado algún tipo de formación suplementaria, como prodría ser el curso que dio la U.N.E.D. en 1996, “Educación Diferenciada del Alumno Biendotado”.

Con respecto a los famosos test de inteligencia on-line, y para demostrar su formalidad, os voy a contar mi experiencia personal (obviamente hablamos de aquellos gratuitos, los demás son estafas): Hace algún tiempo mi curiosidad por saber si era superdotada o no estaba creciendo, me daba miedo contárselo a mis “amigos” o a mis padres, por miedo a que pensaran que era una especie de narcisista de mi inteligencia, de modo que mi solución fue buscar respuestas por internet. Hice el test on-line de MENSA, del cual la asociación informa su caracter meramente orientativo, de todas formas yo lo hice, y el resultado fue un C.I. de 110 puntos, por lo que en teoría no debería preocuparme más por la superdotación, sin embargo, algún tiempo después, y por causas que desarrollaré más adelante, mi situación cada vez era más inestable, y me era necesario saber si tenía superdotación o no. Tras terminar los test personalizados que me hizo la psicóloga, el resultado fue positivo, para mi sorpresa, pues había superado con creces el nivel de inteligencia que el test on-line había pronosticado. Con esto quiero decir que es importante que sea un profesional debidamente cualificado el que lleve a cabo el test, nunca una prueba general tendrá resultados debidamente aproximados a la realidad.

Lo que debemos valorar, seguidamente, es la edad del niño. Los especialistas recomiendan un diagnóstico a partir de los cuatro años si el niño es muy precoz, nunca antes. Si el niño no desarrolla síntomas hasta más tarde, es mejor no forzar las cosas, desde luego en la infancia estos temas son muy delicados; por ejemplo, si hemos decidido llevarle al psicólogo y efectivamente se detecta superdotación hay que tomar medidas que pueden dañar psicológicamente a la persona; el paso a tomar posteriormente a la identificación que parece lógico es informar al colegio para poder adaptar la educación. Esta medida, sin embargo, es poco recomendable, ya que según la legislación española, la solución que los centros educativos pueden plantear es la adaptación curricular que consistiría en subir al niño de curso. En mi caso no fue posible, ya que el colegio en el que me formaba no contaba con orientador y el director, al que mis padres pidieron el aumento de nivel para mis estudios, por desconocimiento o falta de confianza en lo que mis padres le decían, impidió (prácticamente) que me subieran de curso. Sin embargo, que esta adaptación no se me permitiera es algo que, creo, debo agradecer, ya que me hubieran apartado de mi entorno (me es dificil adaptarme a nuevas personas) y me hubieran sumido en otro totalmente nuevo para mi, con niños que posiblemente me hubieran marginado. De todas formas, no estoy contenta con la educación que he tenido, ni con mi propio rendimiento (aspecto que valoraremos en otro post).

Con respecto a que los educadores tengan conocimiento de la superdotación del niño hay distintas opiniones. Debo decir que la mia es bastante pesimista, debido a mi experiencia con la educación española, y a no ser que un profesor en concreto demuestre tener el respeto, el sentido común y las ganas de hacer bien su trabajo necesarias, yo me abstendría de poner en conocimiento la situación. ¿Cuáles son mis razones? Bueno en primer lugar se tiene un concepto erroneo de las capacidades del niño superdotado. Muchas veces, por el mero hecho de la incultura del profesorado, se somete al niño a circunstancias que más que benificiosas son dolorosas y poco eficientes. Por ejemplo se puede dar el caso de que al niño se le exiga más que al resto de compañeros para aprobar, como puede ser una nota más alta. En ningún caso esta es la solución, pues la tarea del educador no consiste en ponerle la tarea más difícil al alumno superdotado, sino servir de maestro en el sentido más rudimentario de la palabra, al alumno superdotado no necesita trabas, sino un guía que sepa estimular su especial sed de conocimientos, un guía que recomiende lecturas o actividades de búsqueda de información, por ejemplo (on respecto a la ayuda para profesores de niños superdotados ampliaré en otro post). Si nos aseguramos que el profesor de nuestro hijo cumple o puede cumplir con estas características (¡Qué suerte hemos tenido! no todos la tienen…) es más que recomendable ponerlo en conocimiento de la especial situación que se nos dá, si dudamos que el profesor pueda cumplir este reto, por miedo a negligencias, es mejor mantener cerrada la boca y evitar, además de errores, más marginaciones de las que el niño superdotado ya sufre en su vida diaria.

Otro aspecto fundamental para la detección de la superdotación, y siempre que el niño sea lo suficientemente grande, es la opinión del afectado. He de decir respecto a esto que, a pesar de mis 18 años, cuando llegué a la consulta de la psicóloga que me iba a ayudar, lo primero que hizo ésta fue asegurarse de que yo estaba allí por voluntad propia, una vez que lo corroboró siguió con su trabajo de forma normal. Seguramente, si mi respuesta en vez de ser un “sí”, hubiera sido una negación, habría hablado con mis padres sobre sus razones para llevarme, pero lo más probable es que no se hubiera llevado a cabo mi diagnóstico.

Por último, para terminar esta breve lista de argumentos sobre el diagnóstico voy a introduciros un hecho del que no se suele hablar a la hora de decidir si el diagnóstico es conviniente o no: El impacto emocional en la persona. Éste será tratado en “¿Diagnosticar? Pros y contras II”. A la hora de hablar del citado impacto debemos plantearnos cuestiones tales como ¿se sentirá diferente a las demás personas?, ¿Será una buena noticia para él/ella?, ¿Cómo reaccionará?, ¿Sufrirá?, etc.

Como conclusión sólo puedo decir una cosa: “Cuando desconoces que hay un problema, aunque éste te muestre sus síntomas, no puedes determinar soluciones, pues la ignorancia hace la ausencia” Victoria.

Espero que os haya servido de alguna ayuda;

Atentamente, Victoria

Uno de los síntomas más fiables para detectar la superdotación es la curiosidad. Creo que lo que antes se desarrolló en mí, fue esa inmensa curiosidad por todo. Aún hoy a mis 18 años de edad, esa curiosidad no se ha saciado, al contrario, parece cada día más grande y dudo que algún día desaparezca. Mis intereses abarcan un abanico muy amplio de materias, desde música a matemáticas pasando por física, informática, historia o cine. En general, cualquier cosa que me plantee un reto, como puede ser un idioma, me resulta interesante. Si es cierto que cuando un tema me resulta aburrido me proboca una gran antipatía,  éste es el caso de la economía o la geografía.

¿Por qué antipatía? Bueno en mi caso la experiencia me ha demostrado que la antipatía es generada por el exterior. Por ejemplo, puedo decir que el rechazo que siento hacia las citadas materias está causado por una circunstancia muy sencilla: Para mis dos cursos de bachillerato escogí el itinerario de sociales, donde se imparten ambas materias, decisión que no fue la que más se adaptaba a mis características. Después de mi diagnóstico el pasado Enero, la comprensión sobre las causas de mis problemas diarios me aclaró las ideas. Debido a la facilidad verbal que poseo, las asignaturas de lenguaje me resultan aburridas y desalentadoras, al igual que economía, que se basa en unas matemáticas simples y no me suscitaban ningún reto. Tal era la antipatía por esta última materia que incluso suspendí, por primera vez en mi vida, un trimestre. La causa era el aburrimiento, si, pero no había que olvidar que cada hora de angustiosa lección económica, me privaba de una hora de matemáticas avanzadas o física, asignaturas incompatibles con el itinerario de sociales. Debido a cuestiones burocráticas, el cambio de matrícula, y por lo tanto de materias, era imposible. Esa fue la causa del rechazo, aunque, gracias a mi curiosidad y mi ímpetu por aprender la solución que encontramos fue más que satisfactoria.

Solución existosa para la curiosidad y mis gustos personales: ¿Qué hice entonces, en pleno Enero, a 4 meses de terminar el curso? A algunos la medida les puede parecer disparatada, pero no me equivoco cuando digo que la decisión me salvó de la apatía. Decidí pedir prestados libros de física, matemáticas específicas de tecnología, y electrotecnia. Gracias al plan Bolinia (el cual no voy a pararme a valorar ahora) se me permitía examinarme de asignaturas no cursadas en el instituto, de modo que podría examinarme de las materias propias del itinerario tecnológico, y a efectos de escoger la carrera me serviría para entrar con la preferencia de una alumna de ciencias, no de sociales (ya que finalmente me he dedicido por cursar el año que viene una ingeniería). De modo que puede decirse que, extraoficialmente, este curso he cursado dos bachilleratos a la vez. Por cuestiones de tiempo iba a clases particulares de matemáticas (tres horas a la semana), para asegurarme que llegaría a selectividad preparada, y las otras dos asignaturas las estudiaba sola.

Esta medida, lamentablemente, la he tenido que aplicar yo sola (obviamente con el apoyo y la ayuda económica de mis padres), sin absolutamente ninguna ayuda de las autoridades educativas (más adelante hablaremos de la validez del sistema educativo en niños superdotados) y si ha surtido efecto a sido gracias a mi esfuerzo, mi dedicación y sobretodo, gracias a mi facilidad para aprovar sociales con un esfuerzo relativamente pequeño, que me ha permitido aprovechar el poco tiempo que 2º de Bachillerato me dejaba libre para dedicarme a un estudio que me ha llenado de alegría y vitalidad.

Como veis, la vida del superdotado no es un camino de rosas, y no es que llevemos demasiadas discapacidades en nuestra naturaleza (que alguna hay), sino que nuestro entorno no está adaptado a nuestras necesidades, al contrario que como pasa con los infradotados (tema que analizaremos en otro momento).

Independientemente, la curiosidad es totalmente inherente a nosotros, al menos me atrevería a decir que en la mayoría de los casos, y si ésta deja de existir, o es vaga y borrosa, el problema hay que buscarlo fuera de la persona, en su entorno más cercano.

Atentamente, Victoria

Bueno, creo que lo mejor que puedo hacer para comenzar es hacer una descripción de la superdotación.

Realmente podemos decir que la superdotación es un concepto estadístico: Usando la campana de Gauss

Si tenemos en cuenta que un coeficiente de 100 puntos es el coeficiente medio de la población, pudiendo tener una persona normal un coeficiente de entre 80 y 130 puntos, consideramos superdotada a esa persona que tiene más de esos 130 puntos, y forma parte de ese grupo que representa aproximadamente el 2’2% de la población. Cuando la inteligencia de alguien se calcula alrededor de 70 puntos se le empieza a considerar infradotado.

La superdotación por lo tanto, siempre se estimará a partir de 130 puntos, pero ellos no mediran siempre la misma inteligencia, me explico:

Según Darwin y su teoría de la evolución (teoría que me parece absolutamente válida) sólo los individuos más desarrollados, y por lo tanto con más opciones de sobrevivir, son los que a la larga consiguen tener descendencia, y por lo tanto, son sus datos genéticos los transmitidos a las generaciones futuras. De igual manera, el humano cada vez será más inteligente, por lo que la media de inteligencia será mayor, aun así, ésta se sigue nombrando como “100”, pero indudablemente si comparamos a una persona normal del siglo XXI con una del XX, la primera debería ser ligeramente más inteligente, y seguramente un siglo antes habría rozado los límites de la superdotación.

Hay controversia entorno a los tipos de superdotación que podemos encontrar, pero según el especialista que me diagnosticó a mí, hay dos tipos principales: Uno de ellos es el de los superdotados moderados, que abarcan aproximadamente un coeficiente intelectual de entre 130 y 160 puntos. A partir de 160 puntos, aproximadamente, hablaríamos de superdotación profunda.

Esta condición está definida, además de por un nivel intelectual muy alto, por una sensibilidad extremamente aguda (no sólo emocional, también sensitiva), una creatividad muy desarrollada y, desgraciadamente, en la mayoría de los casos, una dificultad muy alta de adaptación social, y en general con un entorno que no está adaptado para nosotros.

Naturalmente, la superdotación es mucho más que esta breve aclaración, pero para ser eso, una aclaración, no voy a exigir más. Cada una de las partes que conforman la vida de un superdotado serán desarrolladas individualmente en futuros posts.

Cualquier aportación será bienvenida:

Atentamente, Victoria.

P.D: La información aquí expuesta está totalmente redactada por mí, extraida de la experiencia y de múltiples fuentes, como libros, personas o internet. Yo no soy psicóloca, de modo que si encuentras algún error te agradecería enormemente la correción.
P.D.2: Debo prevenir que el término superdotación es mal considerado por algunos, que proponen a cambio que a esta condición se la nombre como “altas capacidades”. Indistintamente de cual sea mi opinión personal acerca de lo correcto de un término u otro, en este blog se usará generalmente el primero, por razones ser el más conocido entre gran parte de la población.

Si quieres más información siempre puedes visitar Superdotación en Wikipedia o El mundo del superdotado, por ejemplo.

Sobre el Blog

Este blog es un proyecto que pretende ayudar tanto a mi persona como a aquellas que tengan superdotación, además de a los familiares de las mismas. Toda la información que aquí se encuenta está totalmente redactada por mí, y en caso contrario me aseguraré de hacerlo saber, citando claramente las fuentes. Cualquier uso del texto que aquí se encuentra estará totalmente permitido, debiéndoseme reconocer la autoría del mismo. Para cualquier sugerencia, duda o corrección puedes comentar en los posts (sólo en caso de que la aportación esté relacionada con el tema expuesto), sino siempre podéis dirigiros por e-mail a victoriasbrain@gmail.com Atentamente, Victoria.